Ese miedo, el cuál no podemos superar, por mucho que lo intentes. Por mucho que quieras.
Crees que podrías vivir sin él, y que además tu vida tendría muchas menos preocupaciones. Pero es ese miedo es el que te hace comprender lo mucho que queremos a una persona.
Te preguntas y te preguntas que harías sin él, o ella. Es ese miedo el que salta en unos instantes de segundo y te hace comprender y aclarar tus sentimientos, aunque no los muestres. Simplemente, te los hace saber y eso es algo que nunca, y créeme, nunca está de más.
Porque el miedo no siempre es malo. No tenemos nada que temerle.
Todas esas personas que dicen no temer a nada. Yo me rio de ellos.
Si supieran lo bonito que puede llegar a ser tener miedo...
Y no tener ese miedo es cuando de verdad deberías preocuparte.
Y dime, ¿tú tienes miedo?
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