Ese momento en el que tantas cosas maravillosas pasan. ¿Nunca has salido a las calle a las 3 de la madrugada?
No hay nadie. Es bonito contemplar las calles tan solitarias... tan tenebrosas. Las farolas encendidas. Aunque no todas, siempre hay alguna fundida. Y sin excepción. Siempre que veo la farola fundida me pregunto si alguien se habrá fijado en ella antes, mientras daba luz, o si simplemente han reparado en ella a la hora de combatir con las demás, las cuales acabarán refutándose de su función, y finalmente siendo como la negada farola la cuál se opuso a su vez a las que son ahora como ella...
- ¿Sigo con el tema de las farolas fundidas?
- Pero estábamos hablando de la oscuridad...
- Ya pero las dos cosas se relacionan...
- Pero siempre nos acabamos desviando, Awa! No puede ser, no. Sigamos con la oscuridad.
La oscuridad... Donde tantas cosas bonitas pasan, y nadie se da cuenta.
¿No es una lástima?
La Luna, tan preciosa, luminosa y encantadora... Simplemente tan mística, caminante perdida en nuestro cielo todas las noches, siendo ignorada por todos, a pesar de su belleza. Los búhos, tras una soñolienta mañana, pernoctas diarios, al fin despiertos, con cientos de cosas que contar y sin embargo, nadie con quién hablar. Los árboles batidos por las frías manos del errante viento en el sombrío paisaje. Los lobos feroces aulladores de la colina en la solitaria y opaca noche. La renegada farola fundida, quien nunca nadie percibe su constante martirio...
Y nadie les escucha. Ni les mira. Ni si quiera se percatan de su presencia.
Hay momentos en los que uno desea sentirse así, como esa farola fundida.
¿Nunca te has parado a pensar lo bonita que puede ser la oscuridad?
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